miércoles, 21 de mayo de 2008

Pasarela Reforma 505


En sobremesa de una reunión con mi íntima amiga Clementina Fibitch, una alta autoridad en cuestiones de moda y de consultoría de imagen pública, discutíamos sobre la falta de estilo de las jóvenes asalariadas de los alrededores de Reforma. Paricularmente de ese sitio donde la tierra rasca al cielo y que fue bautizada como la Torre Mayor.


Clementina se encontraba apabullada entre la carencia de concordancia de la indumentaria de las asalariadas de diferentes y reconocidas firmas de consultoría y de negocios albergadas en tan moderno edificio. Anonadada, se cuestionaba la evidente y absurda necesidad de gastar, cuatro o cinco sueldos, en ropa que parecía más bien de cuatro o cinco pesos.


“El buen gusto no viene con la etiqueta, ni entre más peses más luces”.


No se cansaba de repetirlo mientras veía semejantes bagatelas en la pasarela más larga de la ciudad de los palacios. Yo le cuestionaba cuál era el motivo principal de sus críticas a lo que ella, con la serenidad que la caracteriza, contestó:


“Bien decía una conocida de la adorable Gran Rabina Tagore, aunque la changa se vista de seda, con Mitzy se queda”...

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